Derechos Ahora Derechos Ahora
El Blog De Amnistia Internacional EEUUVisitarnos en Amnesty USA
  Anotate Suscribete

Testimonio para Amnistía Internacional por un preso de conciencia

individuos en riesgo | Publicado por: , December 8, 2011 a las 5:14 PM

Por Chekib El Khiari, ex preso de conciencia

Chekib El Khiari pasó más de dos años en cinco cárceles diferentes. © Particular

Durante mi período de detención arbitraria, pasé casi dos años y dos meses en cinco cárceles del oeste al este del país. Fue un período repleto de experiencias enriquecedoras y lecciones valiosas a las que antes no estaba destinado a vivir o a aprender de ellas.

Me permitieron ver el mundo que me rodea como nunca lo he visto antes y no como lo entendía, y me conmovió una realidad humana oculta que no ven los ojos ni comprenden las mentes de la población general.

La detención

Fui arrestado el 17 de febrero de 2009 y encarcelado por el cargo de “socavar o insultar a las instituciones públicas” y, meses después, por el cargo adicional de “violar la normativa sobre control de cambio de divisas”. Fui sentenciado a tres años de cárcel y a una multa de casi 75.000 euros.

Se reconoció que en las diferentes fases de mi procesamiento y enjuiciamiento hubo graves violaciones de la legislación; empezando por mi detención ilegal y el registro de la casa de mis padres sin una orden judicial, un período de detención excesivo y la falsificación de datos, hasta todos los abusos que acompañaron a los juicios de primera instancia y apelación. El más llamativo fue la invención por parte del tribunal de una nota de prensa que yo no había redactado y que motivó mi procesamiento.

Y esto a pesar del hecho de que el juez que me condenó resolvió claramente en la fundamentación de la sentencia que “el legislador marroquí no define qué son instituciones públicas”, de modo que fui condenado por un cargo sin ningún significado específico, ideado para restringir la libertad de expresión y reprimir a los defensores de los derechos humanos y miembros de la prensa.

Me detuvieron por enviar notas de prensa a plataformas marroquíes e internacionales, conforme a prácticas de derechos humanos reconocidas internacionalmente, sobre la implicación de elementos de las fuerzas de seguridad en el tráfico de drogas internacional y la infiltración de importantes jefes del narcotráfico en la cúpula parlamentaria para utilizar la política con el objeto de apoyar su comercio ilegal. Tras estas notas, se arrestó a decenas de agentes de las fuerzas de seguridad, entre ellos algunos de alto rango del ejército, antes de que también me uniera a ellos en la misma cárcel.

A pesar de ello, el tribunal siguió preguntándome si tenía pruebas de la implicación de elementos de las fuerzas de seguridad en el tráfico de drogas internacional y yo respondí en vano que ya habían detenido a decenas de ellos un mes antes de mi detención y que después me juntaron con ellos en la cárcel. Además, mi defensa facilitó al órgano judicial notas de autoridades de partidos políticos participantes en el gobierno que confirman la infiltración en la esfera política de importantes jefes del narcotráfico, y uno de ellos hizo una declaración pública en el segundo canal de televisión marroquí afirmando que cerca de una tercera parte del Parlamento Marroquí está compuesto por importantes traficantes de drogas, a pesar de lo cual el tribunal no tomó en cuenta nada de lo que yo había dicho y confirmó mi condena.

Solidaridad

Amnistía fue la primera organización de derechos humanos que se puso en contacto con mi hermano desde el segundo día de mi detención, y al cuarto día presentó un informe público sobre mi caso exigiendo al Estado que me pusiera en libertad inmediata e incondicionalmente. Además de eso, el tercer día Human Rights Watch intervino inmediatamente y también emitió una declaración pública sobre mi situación. Estas dos intervenciones me confirmaron después que ambas organizaciones habían promovido la movilización de la solidaridad nacional e internacional sobre mi caso, debilitando así la gravedad de lo que se había urdido contra mí.

A partir de ese momento, Amnistía siguió con regularidad las noticias sobre mi situación y, cada semana que mi hermano me visitaba en la cárcel, el personal de la organización lo llamaban antes y después para comprobar mi situación.

Esto tuvo un efecto psicológico en mí sumamente reconfortante y no exagero si digo que Amnistía logró hacerme sentir como un hombre libre y, cómo no, sobre todo porque cada semana los guardias de la prisión me entregaban decenas de cartas de solidaridad mundial que había recibido en respuesta a la campaña “Escribir contra el olvido” que lanzó Amnistía. Me ayudaron mucho a sobrellevar las circunstancias de la detención y de estar lejos de la familia y amigos, porque esas palabras, llenas de sentimientos de niños y niñas, jóvenes, y hombres y mujeres de todas las edades y a quienes no conozco, me hicieron sentir que mi familia y yo no estábamos solos y que con esta detención estábamos realizando un deber humano en el curso de la lucha contra la corrupción y la injusticia.

Así, a pesar de que somos una sencilla familia de recursos modestos que vive en una ciudad ubicada en una parte desconocida del mundo, para Amnistía significamos mucho y merecemos equipos dedicados a trabajar día y noche para estar al tanto de nuestras noticias y comprobar cómo estamos para ofrecernos apoyo.

Lo que Amnistía hizo por mí no fue en vano, ya que me pusieron en libertad cuatro meses después del lanzamiento de la “Maratón de envío de cartas” en el contexto de una declaración de Estado sobre la eliminación de 190 expedientes de juicios arbitrarios por motivos ilegales. Un año antes de eso, bajo presión de movimientos internacionales, se empezó a tratar de ponerme en libertad en unas condiciones a las que no quise acceder, ya que tenían por objeto humillarme y exonerar al Estado de reconocer su grave delito.

Desde que salí de la cárcel, me he asociado a Amnistía en sus campañas de defensa a las víctimas de juicios injustos y violaciones de los derechos humanos en todo el mundo, y seguiré haciéndolo el resto de mi vida. Tomando algunas medidas sencillas, como rellenar cinco casillas de una página web, con un clic podemos ayudar a muchas personas del mundo de forma gratuita. Con una simple postal, podemos dibujar una gran sonrisa en las caras de aislados presos injustamente detenidos en la oscuridad de las cárceles. Del mismo modo, aportar una pequeña cantidad de dinero permite a los equipos de Amnistía trabajar sin descanso día y noche para mejorar la situación de los derechos humanos en muchas partes del mundo, incluso en las que desconoce.

Un saludo a Amnistía y a todas las personas que la apoyan.

Etiquetas:

¿Qué piensas de esta entrada?

Comentarios están sometidos a los términos de uso de Amnistía EEUU..

 
Lo Mas Leido
Busca Este Blog